EUCALIPTO

eucarlito

Nombre científico: Eucaliptus camaldulensis y Eucaliptus globulus Labillardière.

Descripción: árboles de hasta 70 m de altura, verdes todo el año. Corteza caediza, lisa, de blanquecino-grisácea a marrón-rojiza. Hojas con forma de lanza y con rabillo. Las hojas jóvenes tienes el haz verde y el envés de color glauco (blanquecino), ya que tienen numerosas bolsitas de esencia. Las hojas adultas son falciformes (punta afilada como pico de halcón) y también poseen depósitos de esencia en unos lunarcillos pálidos. Las flores se forman y se abren en las sumidades de las ramitas del año anterior, cada una de ellas nace en el encuentro de una hoja con la rama y está sostenida por un rabillo rechoncho. Inflorescencias en forma de umbela (sombrilla), con 1-12 flores, que nacen de unos durísimos botones, con un opérculo. Las hojas, los tallos y las flores de eucalipto saben a esencia, que recuerda al arrayán, ya que pertenecen a la misma familia (mirtáceas).

Se cría: en suelos de aluvión, húmedos o secos, y en arenas y arcillas, de 0 a 600 m la especie E. camaldulensis y de 0 a 1000 m de altitud el E. globulus. Estos árboles temen los fríos intensos; de hecho en España murieron muchos eucaliptos tras las enormes heladas de febrero de 1956. Son especies originarias de Australia, donde ocupan prácticamente todo el país.

Floración: E. camaldulensis florece en primavera y verano (los años en los que florece) y E. globulus lo hace en otoño e invierno. Los años más húmedos los eucaliptos sufren ataques de hongos, por lo que cambian su ciclo y dejan de florecer, por ejemplo, 2010 y 2011.

Miel de eucalipto: se utiliza para atajar la tos, es antiséptico de los bronquios y facilita la expulsión de cálculos urinarios. Su color puede variar dependiendo de la época de recolección, puede ser clara u oscura y su sabor es exquisito y, digamos… diferente.

Etnobotánica

En España se trajeron hace un par de siglos para desecar humedales y acabar así con problemas de mosquitos y enfermedades, pero se han asilvestrado por toda la península y diversas partes cálidas y templadas de Europa, compitiendo con especies autóctonas como los álamos, chopos, tarajes y sauces. Se les considera, por tanto, especies invasoras, ya que resulta muy difícil su eliminación, debido a que rebrotan con facilidad cuando son talados, aun habiéndoles aplicado ácido sobre sus tocones.

Es crítica habitual que seca la tierra. Una verdad a medias: de hecho, ha sido plantado en zonas de pantanos para absorber el exceso de humedad porque utiliza mucha agua para su propia supervivencia. Pero en tierras no pantanosas, las raíces del eucalipto abren “canales” en la tierra que permiten el ingreso del agua a capas más profundas, incluso a través de la roca. Esa agua finalmente fluye bajo la tierra hacia otras zonas a las que de otro modo no llegaría.

También se dice de él que “envenena” la tierra, por eso nada crece a su alrededor. La realidad es que los compuestos terpénicos  del eucalipto sí son fungicidas, sí son antibacterianos y sí, impiden que en ese suelo crezca otro tipo de plantas. La solución ideal es, como se ha hecho en muchos países, plantar los eucaliptos en forma de bosques, sin mezclarlos con otras especies, y controlar su expansión.

Según la especie, su madera tiene diferentes usos: para leña, muebles, papel, durmientes de ferrocarril; también se usa en carpintería naval y para fabricar carruajes.

Además, en su tierra natal, Australia, siempre se ha usado para la fabricación de un instrumento musical muy peculiar, el yidaki (rebautizado didgeridoo por los primeros europeos que llegaron a la isla), es una especie de tubo de madera, que se hace sonar soplando en su interior. El didgeridoo es, en sus orígenes, hace unos 20.000 años,  un tronco o rama de eucalipto roído en su interior por la acción de las termitas, convirtiéndolo en un potente amplificador de sonido. Se utilizaba como objeto ritual y todavía hoy se lo utiliza para inducir a estados de relajación profunda, ya que se considera que su sonido tiene propiedades sanadoras, tanto físicas como espirituales; produce un tono fundamental bajo y una gran variedad de armónicos, un sonido que recuerda al acorde de voz de los monjes tibetanos.

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Acerca de Abejas del Sur

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